- ¿q te pasa? - era un muchacho de ojos oscuros, vestido con un pantalón de dril y una camisa muy grande para él.
- me van a meter presa.
- ¿cuántos años tienes?
- nueve, más o menos.
- entonces no tienes derecho a ir a la cárcel. eres menor de edad.
- le arranqué el pellejo de la cabeza a mi patrona.
- ¿cómo?
- de un tirón.
se instaló a mi lado observándome de reojo y escarbándose la mugre de las uñas con un cortapluma.
- me llamo Huberto Naranjo, ¿y tú?
- Eva Luna. ¿quieres ser mi amigo?
- yo no ando con mujeres. -Pero se quedó y hasta tarde estuvimos mostrándonos cicatrices, intercambiando confidencias, conociéndonos, iniciando así la larga relación q nos conduciría después por los caminos de la amistad y del amor.
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al anochecer salimos en busca de comida por los restaurantes del barrio. sentados en un callejón estrecho frente a la puerta trasera de una cocinería, compartimos una pizza humeante q Huberto le cambió al mozo por una tarjeta postal donde sonreía una rubia de senos saltones. Dps recorrimos un laberinto de patios, cruzando cercos y violando propiedades ajenas, hasta llegar a un estacionamiento de coches. nos deslizamos por una claraboya de ventilación para evitar al gordo q vigilaba la entrada y nos escabullimos hacia el último sótano. en un rincón oscuro entre dos columnas, Huberto había improvisado un nido de papel de periódicos para acomodarse cuando no conseguíamos un lugar más acogedor. allí instalados nos dispusimos a pasar la noche echados lado a lado en la penumbra, envueltos en el olor del aceite de motos y el monóxido de carbono q impregnaba el ambiente con un tufo de transatlántico. me acurruqué entre los papeles y le ofrecí un cuento en pago de tantas y finas atenciones.
- está bien - aceptó él, algo desconcertado pq creo q no había oído en su vida algo q se semejara remotamente a un cuento.
- ?de qué lo quieres¿
- de bandidos - dijo, por decir algo.
invoqué algunos episodios de las novelas de la radio, letras de rancheras y otros ingredientes de mi invención y me largué de inmediato con la historia de una doncella enamorada de un bandolero, un verdadero chacal q resolvía a balazos hasta los menores contratiemos, sembrando la región de viudas y huérfanos. la joven no perdía la esperanza de redimirlo con la fuerza de su pasión y la dulzura de su carácter y así, mientras él andaba practicando sus fechorías, ella recogía a los mismos huérfanos producidos pro insaciables pistolas del malvado. su aparición en la casa era como un viento del infierno, entraba pateando puertas y lanzando tiros al aire; de rodillas ella le suplicaba q se arrepintiera de sus crueldades, pero él se burlaba con unas tremendas risotada q estremecían las paredes y helaban la sangre. ?qué hay, guapa¿, preguntaba a gritos mientras las criaturas aterrorizadas se escondían en el armario. ¿cómo están los chiquillos?, y habría la puerta del mueble para sacarlos de las orejas y tomarles las medidas. !ajá¡, los veo muy crecidos, pero no te preocupes, q en un santiamén voy al pueblo y te hago otros huerfanitos para tu colección. y así transcurrieron los años y siguieron aumentando las bocas q alimentar, hasta q un día la novia, cansada de tanto abuso, comprendió la inutilidad de seguir esperando la redención del bandido y se sacudió la bondad. se hizo la permanente, se compró un vestido rojo y convirtió su casa en un lugar de fiesta y diversión, donde se podían tomar los más sabrosos helados y la mejor leche malteada, jugar toda clase de juegos, bailar y cantar. los niños se divertían mucho atendiendo ala clientela, se acabaron las penurias y miserias y la mujer estaba tan contenta, q olvidó los desaires de antaño. las cosas iban muy bien; pero las habladurías llegaron a oídos del chacal y una noche apareció como de costumbre, golpeando las puertas, disparando al techo y preguntando por los niños. se llevó una sorpresa. nadie se echó a temblar en su presencia, nadie salió corriendo en dirección al armario, la joven no se precipitó a sus pies para implorar compasión. todos continuaron alegremente en sus ocupaciones, unos sirviendo helado, otros tocando la batería y los tambores y ella bailando mambo sobre una mesa con un esplendoroso sombrero decorado con frutas tropicales. entonces el bandido, furioso y humillado, se fue con sus pistolas a buscar otra novia q le tuviera miedo y colorín colorado, este cuento se ha terminado.
Huberto Naranjo me escuchó hasta el final.
- ésa es una historia idiota.... está bien, quiero ser tu amigo - dijo.
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EVA LUNA - Isabel Allende

2 comentaris:
Mira que no sóc de llegir llibres ... però els d'Isabel Allende tenen un algo ... Com sempre, nivelon, nivelon, petita Su*
Petonets
ese nivelón.... de l'Isabel ;)
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